Conocer el Carnaval de Santa Cruz

Nos fuimos al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife sin ti

Querida Marta,

¡Qué raro se me hace esto de escribirte una carta! Pero es lo que querías y tus deseos son órdenes.

Lo primero es que sepas que fue muy muy raro irnos de viaje sin ti. Hace ya más de doce años que inauguramos nuestra “tradición” viajera. Por el camino nos han pasado un millón de cosas, unas mejores y otras no tan buenas, pero esta es la primera vez que una de nosotras se queda en tierra. ¡Maldito apéndice! A ti te debió parecer una broma del destino verte la noche anterior en urgencias, sobre todo cuando este año habías sido tu quien había elegido el destino. Afortunadamente ya estas como nueva y tal y como prometimos aquí tienes un detalle de lo que ha sido nuestro Carnaval de Santa Cruz de Tenerife.

Que conste, antes de empezar, que te echamos muchísimo de menos y que nos acordamos de ti todo el rato. Pero, sobre todo, quiero que sepas que no es mi intención ponerte los dientes largos ni matarte de envidia cochina, pero es que ¡han sido unos días increíbles!, pero si hubieras venido hubiera sido perfecto. Bueno, Marta querida, ponte cómoda y prepárate para vivir lo que fue nuestro carnaval.

Como sabes-el viaje lo preparaste tu- llegamos el jueves por la noche y la verdad es que, aunque estábamos un poco “pluff” sabiendo que tu andabas padeciendo con tu apendicitis, una vez en el hotel decidimos hacer de tripas corazón y salir a comernos el Carnaval. Aquel era tu viaje y nosotras te habíamos prometido vivirlo a lo grande.

Aquella noche Santa Cruz se estaba vistiendo de gala. Los tinerfeños andaban en las calles, brindando y bailando al son de su carnaval y deseosos de mostrárselo a los forasteros. La música inundaba las calles y más que caminar íbamos bailando mientras nos fijábamos en los disfraces, las risas y la alegría que poblaba cada rincón. El ambiente es contagioso y entre bailes, risas, copas y charangas, estuvimos hasta las tantas pensando en ti.

Carnaval de Tenerife

Amanecimos el viernes, tarde pero a tope, sabiendo que aquel iba a ser uno de los días grandes. Pasamos el día paseando por Santa Cruz y comprobando que el carnaval se vive tanto de día como de noche. A las ocho teníamos una cita ineludible, la Gran Cabalgata Anunciadora. Para esa fiesta-de la que tu fuiste la primera en hablarnos- teníamos preparado el primero de nuestros disfraces. Allí estábamos el trío, lástima que no el cuarteto, de rastafaris. Ya sabes, pelucas “afro”, camisetas rollo peace&love, mucho color y buen rollo.

Vestidas como las hermanas blancas de Bob Marley salimos a lo que, pensábamos, iba a ser ver una cabalgata. Pero, querida Marta, esa cabalgata no se mira, se vive. Miles de personas toman la calle entre música, baile, color y unas ganas locas de divertirse. Te ríes a rabiar con las letras de las murgas, que tienes que escuchar varias veces para, con el follón que hay, poder pillar toda su mala baba. Te ves envuelta en las rondallas y en sus “performance”, flipando con el espectáculo que nos regalan. Pero es cuando llegan las Damas y la Reina del Carnaval, cuando la gente se vuelve loca. No es para menos. Los trajes que llevan son auténticas obras de arte y ellas unas artistas que, de alguna forma incomprensible para los mortales, consiguen mover con elegancia, ritmo y estilo esas maravillas que deben pesar quintales.

Total,  aquella noche de viernes nos metimos de lleno en la cabalgata, nos dejamos llevar por el bullicio, el color y montones de gente disfrutando del carnaval. Hubiera sido una de las grandes fiestas de nuestra vida, si hubieras estado tu.

El sábado lucía un sol radiante que invitaba a salir a dejarse ver un rato. Cierto es, no te voy a engañar, que a nuestra edad y tras las dos primeras noches de carnaval, las tres estábamos agotadas pero también contentas y echándote de menos. Aún así, teníamos el firme propósito de verlo y vivirlo todo, aunque solo fuera para poder contártelo.

Nos lanzamos a la calle  poco después del medio día y la fiesta ya estaba por todas partes. Por la mañana nos enganchamos a una comparsa. Batucada, baile y un poquito de son. Les acompañamos durante un par horas, participando de sus bailes, creando  nuevas coreografías y entrando en alguna que otra “guerra” musical con las comparsas que nos íbamos encontrando. Después de comer, se imponía una siesta para poder aguantar el ritmo carnavalesco. Un par de horas de sueño reponedor, una ducha y a por el segundo modelito de carnaval.

Era la noche del aquelarre. Las tres de riguroso negro con un estrafalario maquillaje, un par de verrugas  peludas y postizas y unas maravillosas escobas plegables que podíamos meter en el bolso si estorbaban. Y ¡listas para darlo todo!

El sábado es el día del carnaval en la calle. Sin nada especial programado, todo está a tu disposición. Murgas por doquier, dando el punto satírico y divertido a la noche. Comparsas y tambores, músicas y disfraces. Toda Santa Cruz de Tenerife se lanza a la calle. Diferencias a los propios-tinerfeños- de los extraños-turistas-, principalmente por la calidad de sus disfraces. Todos van vestidos de algo, todos van divertidos y a divertirse, llenando las plazas de color, de imaginación y de vida. Nosotras no hicimos otra cosa más que mimetizarnos con el ambiente y pasarlo de miedo.

Nos despertamos el domingo muy cansadas pero encantadas con el plan que nos habías preparado. Era el día de los espectáculos en la calle. Y, de nuevo, seguimos los planes que tu habías trazado. Empezamos a las 12 con una rondalla y una obra, algo parecido a la zarzuela, con mucha gracia y mucha sátira en la Plaza del Príncipe. Seguimos con el concierto de orquesta peculiar e interesante, donde escuchamos grandes piezas de música clásica, adaptadas al carnaval, además de música caribeña y percusión.

Carnaval de Tenerife

Por la tarde fuimos a un concurso de disfraces, donde pudimos ver lo muy en serio que se toman el carnaval en Tenerife. Los trajes eran imaginativos, muy trabajados y muy divertidos. Después deL concurso, una buena cena para afrontar la última noche con garantías de éxito.  Llegó de nuevo el momento de las copas, las risas y de volver a meternos de lleno en el ambiente carnavalesco. Volvimos a triunfar.

El tiempo estaba gris el lunes y nosotras un poquito también. Tal y como habías planeado,  era el tiempo del turismo. Pasamos el día paseando por la ciudad. Visitamos el Castillo de San Cristobal y el de San Juan Bautista, nos acercamos hasta la iglesia de San Francisco de Asís y nos perdimos por el centro.

Eran poco más de las 8 cuando cogimos el taxi para ir al aeropuerto, sabiendo que el carnaval seguiría animando las calle de Santa Cruz de Tenerife mientras nosotras nos alejábamos para volver a la rutina. Apenas nos quedaban un par de horas en Santa Cruz y sin embargo al carnaval aún le quedaba mucha tela por cortar. Cuando volvamos, que volveremos juntas, hay que alargar el viaje un par de noches más para vivir el gran martes de carnaval y el miércoles de ceniza, porque nos hemos quedado con ganas de más carnaval en Santa Cruz de Tenerife.

 

Mapa Interactivo de Santa Cruz de Tenerife

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