Como son las Torres del Paine en Chile

Torres del Paine, el ícono de la Patagonia chilena

Es quizás la caminata más linda que he hecho en mi vida. Un recorrido para sentir diversas atmósferas: vientos fuertes, lluvias intensas, sol radiante, aire fresco. Son nueve kilómetros moliendo pierna, alrededor de cinco horas para llegar a la cima, y la misma distancia y tiempo para volver. Desgastante, exigente, pero con una recompensa inigualable.

  Aquí te dejamos nuestra galería de imágenes de Torres del Paine en Chile. Hacer click en la imagen para abrirla.

El Parque Nacional Torres del Paine, declarado reserva de la biósfera por la Unesco, tiene una extensión que supera las 220 mil hectáreas. Es enorme. Hay mochileros que se quedan una semana acampando por el Parque y tienen el coraje de transitar circuitos que rondan los 90 kilómetros. En sí mismo, es un destino que abarca buena parte del paisaje patagónico: lagos, lagunas, glaciares, pampas, nevados y bosques.

Patagonia chilena

Para los que prefieren ir al grano o no son muy amigos del camping (como yo), la mejor opción es hacer el full-day a la Base de las Torres, una maravilla natural que se ha convertido en una de las imágenes más populares de la Patagonia (el billete de mil pesos chilenos tiene un dibujo de este paisaje).

Para hacer la caminata de un solo día en el Parque, una buena opción es hospedarse en Puerto Natales, una pequeña ciudad de la Región de Magallanes. No está de más pasar una tarde recorriendo el puerto, ver las aves que sobrevuelan el Golfo Almirante Montt, o disfrutar de los trucos extremos en el skatepark del muelle.

Desde muy temprano en la mañana, salen los buses regulares desde la terminal de Puerto Natales hacia las entradas de acceso al Parque Nacional Torres del Paine. Es un trayecto que ronda las 3 horas, en el cual recomiendo dormir para llegar con más energía al trekking.

A los pocos metros de iniciar el recorrido, conocí a Julien, un ingeniero francés del que no me despedí hasta el final de la jornada. Creo que a veces es agradable realizar largas caminatas en soledad con la naturaleza, pero otras veces es mejor estar acompañado, mucho más en este parque donde hay tanto para ver, compartir el asombro, charlar de la vida, y tomarse buenas fotos en lugar de solo selfies.

El recorrido comienza con un leve ascenso hacia montañas de faldas verdes. Aunque era un día soleado del verano austral, con la altura empezaron a llegar lluvias y ventarrones. Hay que tener una buena chaqueta o capa impermeable para no tener que llegar empapado a la cima.

Luego siguen descensos que conducen al río Ascencio y los árboles frondosos que lo bordean. Las cuestas no tardan en regresar, con senderos trazados en medio de bosque de lenga. Cuando faltaba solo un kilómetro para alcanzar la meta, con Julian decidimos parar a almorzar en uno de los refugios. Creo que no fue mala idea porque el ascenso final es muy exigente, un camino empinado y con muchos obstáculos. Desde abajo se ve a la gente que conquista la cima como diminutos soldados de juguete.

Cuando llegamos  a la Base de las Torres, a 870 msnm, la neblina hacía imposible verlas en su totalidad. No podíamos creer tan mala suerte: haber caminado cinco horas y no encontrar la anhelada imagen. Pero con Julien decidimos ser optimistas, teníamos una hora para permanecer allí, así que cruzamos los dedos y esperamos.

De repente, aparecieron las tres columnas de granito. Fueron menos de cinco minutos para deleitarse con su majestuosidad. De lo que más me gustó fue ver la luz del sol reflejada en la base rocosa y el viento arrastrando las sombras en la laguna. Recuerdo que mi mamá me decía por WhatsApp que parecía otro mundo. Y sí, es otro mundo.

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