Cuando nació Emma, hace ya casi diez años, mi pareja y yo- que siempre habíamos sido viajeros entusiastas- nos hicimos la firme promesa de seguir viajando. Pero dos años después llegó Darío y entre que si son muy pequeños, que si hay que llevar los carros, que si no quieren caminar… total, que nos comimos nuestra promesa y durante los últimos casi diez años más que viajar hemos veraneado.
Volviendo a la infancia en Eurodisney
Mi marido dice que todo esto forma parte de mi crisis de los cincuenta y yo no me atrevo a negarlo. No es que haya sido un problema para mi lo de cumplir cincuenta, soy de esas personas que opinan que todas las edades tienen sus momentos y que cualquier momento es bueno para buscar nuevas inquietudes, es que además creo que ir haciéndose mayor es un verdadero privilegio. Pero lo cierto es que en mi último cumpleaños me reencontré con una antigua pasión y sea por la crisis de los cincuenta o no, estoy encantada de haberlo hecho.
Zurich, la Suiza más polifacética
Zurich es una gran sorpresa, un lugar donde hay mucho por descubrir. Esta ciudad es el fiel reflejo tanto de la Suiza financiera y empresarial, como de la Suiza histórica y cultural, sin olvidarnos de la Suiza más cosmopolita y elegante, ni de la Suiza de apabullante naturaleza. Un auténtico reto para el viajero que debe tratar de descubrir todas y cada una de sus facetas.
Copenhague, la hermosa capital del país de la felicidad
Según la World database of Hapiness (base de datos mundial de la felicidad), Dinamarca junto con Bhután (Asia), son los países más felices del mundo. Quizá esta es la razón por la que su capital, Copenhague, causa en los visitantes y turistas una mezcla de extrañas sensaciones que van desde la envidia sana hasta la admiración, pasando siempre por el deseo irrefrenable de visitar cada calle y cada rincón de esta ciudad.
Trieste, crisol de culturas a orillas del Adriático
Al norte de Italia, casi en la frontera con Eslovenia y muy cerca de Austria, está la fabulosa y elegante ciudad de Trieste. Pequeña, pero altiva y majestuosa, parece querer dominar el Adriático desde su atalaya. Con influencias del Imperio Romano, cierto aire eslavo e importante herencia austriaca, Trieste es un auténtico crisol de culturas y una ciudad donde es una delicia perderse.
Arco del Triunfo de Paris, recordando batallas
Un Arco del Triunfo es una construcción que en su origen tenía la finalidad de conmemorar las victorias militares. Podemos ver este monumento en muchas ciudades pero con total certeza el más conocido y nombrado es el Arco del Triunfo de París, además de tratarse de uno de los símbolos mas identificativos de la ciudad de la luz.
Milan: alpina, elegante y hermosa
En un país como Italia plagado de ciudades espectaculares hay verdaderas joyas que pasan desapercibidas, como la hermosa Milan. Los propios italianos, con la excepción de los milaneses, denostan la belleza de la capital del norte comparándola con la grandeza de Roma o el romanticismo de Venecia. Pero aquellos viajeros que se lanzan a conocerla, no se arrepienten de dedicarle unos días.
La Capadocia desde el aire
Hace más de quince años que mi mujer y yo caímos rendidos ante una ciudad como Estambul. Fue uno de los primeros viajes que hicimos juntos y una de las ciudades que mas no ha gustado. Ambos hemos recordado muchas veces lo mucho que disfrutamos aquellos días y siempre hemos tenido claro que queríamos volver a conocer el resto de Turquía, convencidos de que nos gustaría tanto como Estambul.
La Semana Santa sevillana de un nazareno primerizo
La fe nunca ha ocupado en mi vida un lugar preeminente pero lo cierto es que siempre he sentido curiosidad por las fiestas religiosas. Eventos que aúnan tradición, devoción y diversión a partes iguales. La Semana Santa sevillana es, al menos para mi, el gran ejemplo de una fiesta tan familiar, como religiosa y festiva.
El Oktoberfest, recuperando la juventud olvidada
En unos días se casan Pablo y Elena. ¡Va a ser un fiestón! Nos conocemos de toda la vida, todo el grupo, pero ellos -que son pareja desde los 15 años- han sido siempre el pegamento que nos ha mantenido juntos. Siempre les hemos llamados “los Pel”. Cuando apenas empezaban a salir y el resto nos reíamos de sus arrumacos, decidimos dirigirnos a ellos con un solo nombre, tomamos la “p” de Pablo y “el” de Elena, así nacieron “los Pel”.
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